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Galicia posee una amplia herencia folklórica de canciones y danzas populares. El carácter particular de su música es su suave melancolía, que da los matices necesarios para hacer que sea dulce, cadenciosa, penetrante y entrañable, en armonía con el paisaje gallego. [1]

El ritmo más representativo es la muñeira. Etimológicamente, procede del gallego muiñeira, molinera.  Es por ello que su origen se relaciona con los periodos de ocio mientras se esperaba la molienda. El instrumento celta de la gaita es el principal, seguido de instrumentos de percusión como el tamboril o redoblante, la pandereita, el tambor, el pandeiro, el bombo, el charrasco (palo con chapas), la cunxas (cochas) o vieira, etc. Su ritmo es binario, compaseable en 6/8 ó 4/4. [2]

Asimismo, existen otras danzas y cantos populares en Galicia: pandeirada, jota gallega, alborada, alalás, etc.

La pandeirada se ejecuta al comienzo de un festejo, a modo de llamamiento a la alegría. Consiste en una composición interpretada con instrumentos de percusión (como pandeiros, de ahí su nombre), en ritmo ternario; y acompañada de cánticos de acento binario.

Se cree que su origen data de la introducción por el Imperio Romano del culto a Cibeles, asociándose a los cultos indígenas a la diosa madre local. Desde la más remota antigüedad hasta nuestros días ha sido la mujer la encargada de tocar [el pandeiro] o acompañar su canto con el instrumento que nos ocupa. [2]

La jota gallega (dícese xota) se toca, canta y baila con una diferenciación de la que posiblemente sea la danza española más difundida en España. Como toda jota, sigue un compás ternario y en sus orígenes era un baile de coqueteo, surgido también por diversión. La xota adquiere su carácter particular al estructurarse como la muñeira: con paseo o descanso, punto y vuelta; además de en la similitud de pasos. 

La alborada, luz del alba, es también una melodía cantada al amanecer, cuya dulzura embelesaba a los celtas hace más de 4000 años. Escrito en compás binario, siendo hoy en día básicamente instrumental. 

Los alalás son cantos dilatados, de ritmo libre, de gran profundidad, el cual suele estar interpretado a capela y repetir las sílabas a-la-lá en el estribillo. Son unos de los cantos gallegos más característicos, de una antigüedad y ascendencia tan remota como el canto gregoriano.

Los alalás son la canción de una madre a su hijo, el lamento de los emigrados, la canción de los trabajadores de la tierra, el dolor y pobreza de la atávica sociedad rural gallega, el orgullo de los bardos, las palabras de amor de los enamorados, y por encima de todo, la expresión de la saudade que tanto caracteriza a nuestra [la gallega] forma de ser. [5] 

Como parte del folklore musical gallego, es importante el rol que desempeña el aturuxo. El aturuxo es un grito gutural, agudo y prolongado. Emitido por el público o intérpretes durante las romerías y diversiones, y cuya frecuencia e intensidad son indicadores del espíritu festivo de los presentes. [6]

En el Diccionario galego da rima e galego-castelán (1950) [7] encontramos:

[…]semejante al canto del gallo al despuntar la aurora, que en la época de los brigantinos, primeros pobladores de Galicia, exhalaban después de sus oraciones en el “lubre” o bosque sagrado, rindiendo adoración a la Luna, y que posteriormente nuestros montañeses lanzan de noche con el entusiasmo, en las fiestas o foliadas, o bien como desafíos entre dos grupos. […] El augur celta, alzando los ojos al cielo, invocó las manifestaciones de lo increado (naturalismo), el agua de la fuente, la rama del árbol, el canto del ave y, sobre todo, el relincho de los blancos y nómadas corceles de las selvas sagradas mantenidos por el pueblo, y dignificados por el príncipe, relincho cuyo eco simulan aún en son de regocijo nuestras gentes del Norte al volver de sus romerías.

Citas y fuentes:

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